Contratación festivales y congresos

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Verás.

Cuenta una historia que  andaba un alumno con su maestro por un bosque. En un claro cerca de un arroyo, encontraron una casa humilde habitada por una familia, también humilde, compuesta por un matrimonio y sus tres hijos. Tanto el matrimonio como los hijos vestían con ropas algo agasajadas, y alguno de los hijos no tenía zapatos.

 

Se acercaron a conocer a esa familia, quienes les contaron que lo único que  tenían era una vaca     a la que ordeñaban cada día para conseguir leche. Con ese poco de leche desayunaban todos y el resto  lo vendían y así sacaban un poco de dinero para comprar otros alimentos básicos. 

Al alejarse de aquella humilde casita el maestro ordenó al alumno que matase la vaca de aquella familia.

Al tiempo de aquello alumno y maestro volvieron a transitar por aquellos parajes y encontraron de nuevo aquella casa, aunque ahora parecía más bonita que antes.  Habían arreglado puertas y ventanas, un pequeño jardín decoraba la entrada y en el tejado no se veían agujeros ni tejas rotas. 

Al acercarse a saludar a la familia que ahora vestian con ropas más nuevas les contaron: 

Nuestra vaca, la que nos daba un poco de leche para subsistir murió, así que tuvimos que empezar a hacer otras cosas para conseguir alimento, y nos va muy bien. Hemos encontrado trabajos que nos permiten tener una mejor vida, incluso poder darnos algún capricho.

A todos nos gusta tener esa vaquita que nos da algo de leche. Nuestra vaca es buena y nos da alimento pero no todo va a ser leche.

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